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Desigualdades sanitarias entre los jóvenes: resultados de un nuevo estudio

Los niños y adolescentes son muy vulnerables a fuentes prolongadas de estrés durante periodos delicados de su desarrollo. En un artículo publicado recientemente, la Unidad de Epidemiología de la Población presentó los resultados de un análisis interseccional basado en el seguimiento de niños y adolescentes inscritos en la cohorte cohorte SEROCoV-KIDS. Los investigadores de la UEP estudiaron cómo las características demográficas y las condiciones socioeconómicas se entrecruzan para dar forma a las tendencias en la calidad de vida y la salud mental de los jóvenes, dos años después del inicio de la pandemia COVID-19.

Este análisis consistió en agrupar a los participantes en 48 estratos sociales, definidos por el cruce de diferentes dimensiones como el género, la edad, el estatus migratorio, la educación de los padres y las dificultades económicas en el hogar, y estudiar su asociación con una mala calidad de vida y dificultades en términos de salud mental.

El análisis de los resultados revela diferencias considerables en la calidad de vida entre estratos sociales, pero pocas diferencias en la salud mental. Estos resultados sugieren que, tras la pandemia, las intervenciones dirigidas a mejorar la calidad de vida deberían centrarse en grupos específicos en los que participen adolescentes y familias con dificultades económicas, mientras que las dirigidas a mejorar la salud mental deberían dirigirse a todos los niños y adolescentes.

Las desigualdades sociales en salud son un tema central de la investigación realizada a partir de la información que nos han proporcionado los ginebrinos que han participado en nuestros estudios. Se están realizando nuevos trabajos para intentar comprender mejor los mecanismos por los que las desigualdades sociales se asocian a una peor calidad de vida, tanto para los adultos como para los jóvenes.

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